¿Un Centro Nacional de Danza? Ya era hora…

Escuela Bolera

Hoy nos hemos despertado con una noticia importante para el sector de la danza: Amaya de Miguel, la directora del INAEM, ha asegurado que el Ministerio de Cultura creará un Centro Nacional de Danza.

Por desgracia esta noticia no será de gran calado nacional y pocas televisiones la comentarán ya que vivimos en un país, que un su mayor parte, ha aprendido a vivir ajeno a la cultura por la dejadez de las instituciones o del propio sistema educativo. Y me refiero al sistema educativo en todo su conjunto: el familiar y el de la enseñanza obligatoria.

Y no nos echemos la mano a la cabeza, no seamos hipócritas y reconozcamos que hubo generaciones – las que hoy estamos en activo – en las que en nuestra enseñanza en los colegios no nos impartieron educación ninguna sobre la cultura. Las nociones de música que nos daban eran tan básicas que, a no ser que estudiaras en un conservatorio o por cuenta propia, hacían que no supiéramos distinguir una nota  negra de una blanca ni por supuesto saber  distinguir entre música barroca o renacentista por ejemplo.

Paso a dos de estilizaciónY si de la música no sabíamos nada, ¿que podemos decir de la danza? El conocimiento que nos impartieron era tan justo como para que solo distinguiéramos el ballet de lo que aprendimos como “las demás danzas”.

Pero el problema no sólo era en las escuelas, (donde por cierto a mí nunca me llevaron a ver una obra de teatro ni ir a escuchar un concierto aunque por suerte esto parece que si está cambiando), sino que en la educación que se impartía en la casa, esa educación que tiene o debe tener más importancia que la propia escuela, tampoco estaba presente la cultura ya que por norma general los padres tampoco creían que esa educación era importante para el desarrollo de las personas. O peor aún, la cultura no estaba al alcance de la mayoría.

La cultura, abandonada.

La desidia hacía la cultura ha sido tal, que en España se ha “jugado” a que el Ministerio de Cultura aparezca y desaparezca continuamente, siendo en algunos gobiernos un ente propio y en otro solo una secretaría más dentro del Ministerio de Educación. ¿Qué importancia podía tener para algunos gobernantes?

Pero mucho más preocupante es saber que una mayoría de los españoles consideran – o consideraban – que la cultura no tenía por qué tener ministerio propio, que era mejor gastar dinero en otros sectores. A estas personas y estos gobernantes me gustaría recordarles la definición de “cultura” que nos da la RAE:

  • Conjunto de conocimientos e ideas no especializados adquiridos gracias al desarrollo de las facultades intelectuales, mediante la lectura, el estudio y el trabajo.
  • Conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo, a una clase social, a una época, etc.

Por suerte, algunos gobiernos sí apostaron por la cultura. Por ejemplo: el gobierno de Adolfo Suárez crea en 1978 el Centro Dramático Nacional y el Ballet Nacional de España, y en 1979 la Compañía Nacional de Danza; el primer gobierno de Felipe González crea en 1986 la Compañía Nacional de Teatro Clásico y en 1988 inaugura el Auditorio Nacional de la música, etc.

Fachada del auditorio Nacional de Música

Estos son los ejemplos de que la nueva democracia que vivía España apostaba por la cultura, seguramente como símbolo rupturista del antiguo régimen e influenciado por dos frases históricas famosas: “la verdad os hará libres”  la cual ha derivado en el refranero popular a “la cultura os hará libres”, o “un pueblo que no sabe leer ni escribir es un pueblo fácil de engañar” dicha por el Che Guevara.

Y esta apertura institucional a la cultura trajo consigo logros importantes como, entre otros, el Festival de Teatro Clásico de Almagro,  el Teatro María Guerrero, el hoy recuperado Teatro de la Comedia…

¿Pero que pasó con la danza?

Pues nada o prácticamente nada. Se crearon las dos compañías, se les concedió un lugar para ensayar, se les proporcionó de un organigrama institucional, pero nunca se planteó seriamente o simplemente nunca se llevó a la práctica dotar al país de un Teatro Nacional de la danza para que no solo estas compañías tuvieran su teatro (como lo tienen los otros centros de producción dependientes del INAEM) sino para que hubiera en la capital una programación estable de danza.

Parece mentira que España la cual presume de que una de sus danzas, el flamenco, esté catalogada como patrimonio inmaterial de la humanidad por la UNESCO (declaración del 16 de noviembre de 2016), a día de hoy, año 2018, siga teniendo esta deuda pendiente con su danza y con la danza en general.

Solucionen esta deuda ya. Este anuncio no puede quedarse en una promesa electoral. Tenemos que ponernos al nivel de otras capitales del mundo, ricas y no tan ricas. No es normal que países como México, Perú o Costa Rica, por citar unos ejemplos, tengan un Teatro Nacional de la Danza con una programación estable y nosotros no. Devolvamos la dignidad a la danza desde las instituciones, para que las próximas generaciones puedan apreciarla, valorarla y conocerla como lo que es: CULTURA

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.